CAMINO DE PASCUA – Via lucis

CAMINO DE PASCUA – Via lucis

Si el «CAMINO DE PASCUA» se hace como celebración, fuera de cualquier otro contexto litúrgico, sus tiempos podrían ser los siguientes:

  1. Canto de entrada.
  2. Lectura del pregón pascual, completo o abreviado.
  3. Canto de aclamación: Aleluya o Gloria.
  4. Breve monición o invitación a emprender el “Camino de Pascua”.
  5. La lectura de cada jornada puede ir seguida de unos minutos de silencio, o dejando paso a la intervención de los participantes, o acompañada de un canto.
  6. Una vez terminado el “Camino de Pascua”, tras una breve monición, todos rezan el Padrenuestro. A continuación se dan la paz (el momento se puede prolongar festivamente).
  7. Canto final.

1. AL ALBA (Mc 16,1-3)

Y la losa ya estaba removida,
desplazada hacia un lado.
No era obstáculo.
Cristo pudo con ella.
Pesaba sobre el corazón de las mujeres
cuando ya no pesaba sobre Cristo.
Y, sin embargo, vale la pregunta:
– ¿ Quién nos correrá la losa?
Porque ni el entierro de Jesús fue un simulacro
ni la piedra que le echaron encima
una sábana de lino.
La piedra estaba allí para enterrarlo.
Pero pudo con ella.
Y esto proclamamos:
que lo hizo desde dentro,
desde el propio sepultamiento,
con la fuerza de Dios que era la suya.
Alegraos,
alegraos por Cristo,
alegraos por vosotros
sin precipitar las conclusiones.

Porque las piedras,
las losas mortuorias,
las lápidas que pesan toneladas
existen
y siguen aplastando a quienes cogen debajo.
Ni los oprimidos,
ni los enterrados en vida,
ni los que no pueden levantar cabeza (sea como sea)
son invención de nadie.
Ahí están. Y preguntan:
– ¿ Quién nos correrá la losa?
Y la respuesta es una:
– Vosotros, como Cristo.
Pero ¿quién se atreve a darla?
Porque lo mismo puede ser profética
que tremendamente cínica.
Abstenerse, por tanto,
los teóricos,
los observadores imparciales,
los predicadores de oficio
(todos esos que sabéis)
y que salgan a darla por la cara
los que han sabido algo de «la fuerza del Señor».
¿Dónde están?

2. EL SEPULCRO VACIO (Jn 20,1-2)

Hemos recibido la noticia,
primero con estupor,
luego con alegría,
con una inmensa y esperanzada alegría.
El sepulcro de Cristo está vacío.
Por entonces se habló de robo,
de secuestro del cadáver,
de insensata maniobra para hacemos tragar
una palabra intragable:
resurrección.
Pero el hecho ahí estaba:
No había nadie,
sigue sin haber nadie en la tumba de Jesús.
Sin embargo, era cierto que en la tarde anterior
esa tumba rebosaba:
se le salía el dolor, la sangre, la desesperanza,
por las rendijas de la piedra.
Compañeros, amigos,
aquí no hay nadie.

Allá los que se empeñen en solucionar las cosas
dando parte al gobernador,
culpando a los centinelas,
acusando a los discípulos,
buscando el cadáver por los alrededores
o llorando por el muerto.
El cadáver no aparece.
Hace ya veinte siglos que no está donde estuvo.
En el sepulcro han perdido la pista de Jesús
los que lo buscan donde lo embalsamaron,
los enterradores,
las plañideras de siempre,
los aficionados a reliquias y despojos,
los investigadores estrictos,
los hombres de poca fe …
Pero la noticia es la misma:
– ¡Aquí no queda nadie!

3. DONDE MARÍA MAGDALENA VE A JESÚS (Jn 20,11-17)

Ella fue la primera en saber lo que pasaba.
Y no por noticias de segunda mano.
Comenzaba con ella la experiencia de Pascua.
Jesús estaba vivo
y la llamaba por su nombre: María.
Ella hizo lo mismo: Maestro.
De nombre a nombre, de persona a persona,
de discípula a Maestro,
la historia, trágicamente rota,
comenzaba de nuevo.
Y como maestro le dijo Jesús:
– No me sujetes,
no me detengas.
Lo que no pudo hacer la tumba
no vas a hacerlo tú.
Apréndete esto:
yo he resucitado para todos.
Y le dijo también:
– No te sujetes tú,
no te detengas,

porque los pies que abrazas
no necesitan tus lágrimas,
ni el frasco de perfume,
ni la caricia de tu pelo.
Son pies para el camino.
¡Al camino los tuyos!
Anúnciales a los míos que estoy vivo.
y a ti que te vean viva.
No va a faltar quien diga a mis cristianos:
«No tenéis precisamente cara de creer lo que rezáis:
que resucitó al tercer día.
Sois demasiado tristes».
Por eso, María,
pon tu cara,
tus pies
y tu palabra
al servicio de la alegría.
No negamos la cruz.
Pero éste es el otro lado de la cruz.

4. DONDE UN DISCIPULO COMPRUEBA LAS HERIDAS DE JESUS (Jn 20,25)

Así sería de fácil
si sólo se tratara de su cuerpo,
de su carne resucitada,
no de su ensanchamiento
en el cuerpo de la Iglesia
y de su encarnación en la comunidad.
Porque ahora la escena ha cambiado de signo:
¿Quién acerca sus manos a las llagas de Cristo
sin escandalizarse?
Bienaventurados los que siguen creyendo
después de haber visto,
tocado, palpado,
las heridas sangrantes
en el Cuerpo (con mayúscula) de Cristo:
las grietas de la desunión,
el vacío de la caridad,

la descalificación de los profetas,
los magisterios enfrentados,
la neutralización de la eucaristía,
los pobres, hoy y ahora,
y los cristianos de toda la vida …
La voz prudente dice:
– Si quieres mantener tu fe de siempre
no mires, no toques, no hurgues, no te metas …
Y sin embargo, cada vez está más claro
que sólo los que miran, tocan, se meten
y sienten como suyas las heridas de Cristo,
saben en carne propia
que Cristo vive. Porque Cristo duele.
Bienaventurados aquellos que, viendo lo que ven,
siguen creyendo.

5. DONDE PEDRO SE ECHA AL MAR (Jn 21,4-7)

Ya no hay tiempo para explicaciones,
tampoco para grandes demostraciones
como la de Jesús a Tomás
con aquello de las llagas.
Aquí, quien sabe dice:
– Es el Señor.
Y uno se tira al agua
sin caminar sobre las olas.
Ahora,
con el Señor resucitado en la otra orilla,
el trayecto se hace a braza,
sin ahorrarse el chapuzón,
el esfuerzo y el riesgo.
¡Y qué alegría!
Frente a tanta vacilación, tanta sospecha
cuando se dice «Es el Señor»,
todavía hay quien se lanza al agua sin dudarlo.
Que sí, que ya sabemos que lo de «Es el Señor»
o «Esa es la voluntad de Dios»
ha dado para todo en la viña del Señor,
desde ilusiones hasta atrocidades.

Pero también sabemos
que hay señales de Cristo
dilucidadas por el Espíritu,
discernidas por urgencias del mundo y de la Iglesia
que ya no dejan duda.
– ¡ Es el Señor!
Y ahí están,
a brazo partido con las olas,
los que trabajan por la paz,
los hambrientos de justicia,
los que alientan y viven la esperanza de los pobres,
los que denuncian, contra viento y marea,
la explotación del hombre,
los comprometidos en mantener en alza
su valor de hijos de Dios.
¡Y qué tremendo el mar!
Pero ¡atención los de la barca!:
¡Es el Señor!

6. EN EL CAMINO (Lc 24,13-15)

Mala prensa tienen los «compañeros de viaje»,
tan utilizables,
tan manipulables,
tan combustibles ellos muchas veces
en los azares del viaje.
Pero ¿qué hubiera sido de estos dos
sin el compañero de viaje?
Se les mete en la senda
y les sigue el andar
sin preguntar adónde van
o adónde lleva el camino.
De los otros habría mucho que hablar;
ya sabéis:
de los que aconsejan la vuelta
(sin haber ido nunca),
de los que no entran por caminos nuevos
pero tampoco han recorrido responsablemente
los caminos viejos

(por ahí les han llevado),
o de los que dicen (¡con qué gracia, Dios mío!)
que no hubiera llegado a ingeniero de caminos
el que dijo:
«Se hace camino al andar».
Añadid los que sepáis.
Mientras tanto, ahí van esos tres
andando y desandando toda la desesperanza.
Jesús interpela, interroga, insinúa,
pero no interrumpe ni el diálogo ni el viaje.
No es una táctica. Es un proceso.
Los tres buscando juntos
y en el mismo camino hasta el final.
Porque
«¿Cómo te encontraremos al declinar el día
si tu camino no es nuestro camino?»
Y aún nos queda Emaús.

7. SENTADOS A LA MESA (Lc 24,28-32)

¡Cuánto hemos amado esta alquería,
esta mesa,
esta gente
que se sienta al atardecer para partir el pan … !
Lugar reconocible, Emaús,
para todo cristiano bien nacido.
Olor a casa nuestra,
a pan nuestro …
Esclarecimiento hogareño de un camino
amenazado por la noche.
Pues aquí hemos llegado.
Ya estamos
a la hora en que la tarde se va poniendo íntima.
Pero llegamos con una desventaja
(digo desventaja)
sobre los dos discípulos:
nosotros ya sabemos lo que va a ocurrir,
lo que tiene que ocurrir.

Por eso,
Jesús ni se nos va
ni se nos revela:
se nos estereotipa.
Nos sabemos sus gestos de memoria.
¡Ay!, que sí,
que puede que hayamos llegado demasiado pronto,
sin grandes interrogantes,
sin grandes expectativas
y hasta sin la obligación (o eso pensábamos)
de traer un pan entre las manos
para repartirlo entre todos.
Y ahora pasa
que no va a pasar nada
mientras no venga el pan
(que ya son muchos a pedirlo) .
Es hermosa la tarde,
entrañable la casa,
pero nada se revela
si nada se comparte.

8. CON PEDRO JUNTO AL MAR (Jn 21,15-17)

Jesús aborda a Pedro con palabras muy claras.
En el Evangelio las culpas se redimen por amor.
Y Pedro es culpable.
Dijo de Jesús que no le conocía.
Pero Jesús no le pregunta por su conocimiento.
Dijo que no era su discípulo.
Pero Jesús no le interroga sobre la doctrina.
Dijo: «No sé de quién me habláis».
Pero Jesús no le pregunta si le reconoce.
Eso sí, Pedro había dicho:
– Aunque todos, yo no …
Y Jesús pone el listón donde lo puso Pedro:
– ¿Me quieres más que todos?
Una pregunta en el lenguaje del corazón,
como hecha a un niño.
Y una respuesta humilde,
como la de un hombre castigado por su historia:
– Tú lo sabes todo…
Y tanto sabe Jesús del corazón de Pedro
que le pone la Iglesia entre las manos.

Y lo hace de inmediato,
sin dar tiempo a que las palabras queden huecas.
Aquí se habla de amor
y se sacan consecuencias, como espadas.
En labios de Jesús resucitado
las palabras resucitan.
Por eso, ¿quién se atreve a responderle: «Te quiero»,
sin que se le venga el mundo encima,
sin que le carguen a cuenta
todo lo que Jesús ha amado,
nos ha encargado,
nos ha dejado como tarea del Reino?

Una de dos,
o nos la jugamos a lo que ellas comprometen,
o nos han dejado sin palabras.

9. EL JESUS DE TODOS (Jn 21,9-12)

Empieza a ser posible la comunidad.
Todos identifican a Jesús
en el Jesús de todos.
Los desacuerdos se producirán más tarde
en una vuelta a lo individual
por encima de lo eclesial.
Pero éste de ahora, a la orilla del mar,
es un momento de gracia.
Nadie discute al Cristo que se tiene delante.
Nadie trae otros Cristos que oponerle.
Y porque hay acuerdo hay paz.
Y porque hay paz hay alegría.
Todavía no hay proyectos,
jerarquizaciones de tareas y personas,
prioridad de ministerios y misiones,
sino limpia conciencia de un encuentro:
el de todos con todos,
el de todos con el Resucitado.

Y sí, vale la pena comentar en voz alta:
¡Qué bien se está aquí!
Entendedlo: no es una propuesta para prolongar el éxtasis,
sino un dejar constancia (ahí os va esa palabra) de la
«consolación».
Que sí, que hay que vivirla
para que la dispersión posterior no sea precisamente
un «sálvese quien pueda»,
un «largarse» cada cual por sus caminos,
sino una misión que brota del mismo corazón
de la alegría pascual.
Sólo desde ahí podrán creemos
que «Hemos visto al Señor».

10. EN EL MONTE (Mt 28,16-19)

– Has salido del Padre y vas al Padre,
¿por qué decirte adiós?
Tú siempre eres promesa de regreso.
Te arrebata una nube
y nos mandas recado
de que volverás muy pronto;
te perdemos de vista
y no nos quitas los ojos de encima.
– «No, yo no dejo la tierra,
no, yo no olvido a los hombres.
Aquí yo he dejado la guerra.
Arriba están vuestros nombres».
Y estamos en esa guerra tuya
tan difícil de ganar,
reclutados de las cinco partes del mundo
y enviados a las cinco partes del mundo.
«Partid frente a la aurora.
Salvad a todo el que crea.
Vosotros marcáis mi hora.
Comienza vuestra tarea».
Nunca una ausencia dejó detrás de sí tanto que hacer,
nunca un ausente dejó mayor encargo.
Nunca alguien que se fue prohibió tanto las lágrimas
para que no nos vendiéramos a las traiciones del corazón.

«Aquí vino
y se fue.
Vino … nos marcó nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros
y tal vez las estrellas
no son más que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.
Aquí vino
y se fue.
Vino, llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas
y se fue.
El, que lo sabe todo,
sabe que estamos solos;
sin dioses que nos miren
trabajamos mejor.
Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo.
El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación».

(León Felipe)

11. A LA ESPERA CON MARIA (Hech 1,12-14)

Te buscábamos; Señora,
en la mañana gloriosa.
Te creíamos de camino,
o al lado del sepulcro,
o en tu casa tranquila,
o incluso con los once pescadores
que salían al mar para ver a Jesús.
Queríamos preguntarte
con urgentes y tópicas preguntas de entrevista:
¿Qué siente María en estos momentos?
Y, o no estabas,
o anotábamos en nuestra agenda de trabajo:
No sabe, no contesta.
Y tanto sabías
que habitabas ya
en el corazón de la comunidad,
partícipe de su fe
y de su esperanza en la venida del Espíritu.

Te has llevado contigo tu experiencia
del hijo resucitado
y nos dejas tan sólo tu actitud orante
como palabra:
– El Espíritu me lo trajo.
El Espíritu me lo volverá a traer.
Pues contigo, Señora,
aquí están
los que tocaron sus heridas,
los compañeros de camino,
los que compartieron su pan,
los que le amaron más que los demás,
los enviados,
los consolados
y nosotros los cristianos.
Todos juntos,
a la espera contigo,
Madre de la Iglesia,
en idéntica oración:
¡Ven, Señor Jesús!
AMEN.

José Luis Blanco Vega, S.J.

Infancia Misionera

Infancia Misionera

INFANCIA MISIONERA EN LA SOLANA

Más de 1.700 niños procedentes de 43 parroquias de la diócesis participaron en el IX Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera que acogió La Solana. Bajo el lema ‘Atrévete a ser misionero’, los niños y los jóvenes disfrutaron de una intensa jornada con varios talleres muy interactivos, que finalizó con una oración en la plaza de toros.

La actividad fue un éxito de participación y, sobre todo, un éxito de coordinación. Más de ciento setenta voluntarios de las parroquias solaneras, de las cofradías y hermandades de la localidad, y también procedentes de otras poblaciones, ayudaron en la parte logística para que todo saliera perfecto, según el delegado diocesano de Misiones, Damián Díaz.

Tras pasar por Ciudad Real, Valdepeñas, Miguelturra, Daimiel o Tomelloso, entre otras, la actividad llegó a La Solana con chavales con edades comprendidas entre los nueve y los trece años procedentes de cuarenta y tres parroquias de la diócesis.

Los participantes pasaron por los cinco talleres previstos que simbolizaban cada uno de los cinco continentes y que estaban  identificados por colores diferentes. Talleres que se desarrollaron en el colegio El Santo, en el colegio Sagrado Corazón, en los polideportivos de los dos colegios citados, en la Casa de la Iglesia, en el palacio Don Diego, en la ermita de San Sebastián, en el Auditorio  y en la Plaza de Toros para la comida y una oración para terminar.

Los niños y jóvenes debían realizar acciones enfocadas con el lema de este año. En un taller se atrevieron a hablar con Dios, en otro a ser una familia misionera, en otro a ser un superhéroe misionero, en otro a dar el salto a la misión, y todo con divertidos juegos. La parroquia de Almadén ha participado a través de los talleres de “Familia misionera”, en los que han dado su testimonio como familias misioneras Javier Prat y dos de sus hijos por un lado, e Inmaculada Naharro y su marido Vicente Ginés por otro.

 

Clausura de la Causa de Canonización

Clausura de la Causa de Canonización

El próximo 4 de diciembre a las 12 horas y en la Sala  del Obispado de Ciudad Real, el Sr. Obispo de la Diócesis dará por clausurada la Causa de Canonización de 100 mártires del siglo XX en la Diócesis de Ciudad Real. Se trata como es sabido de Antonio Martínez Jiménez, sacerdote, más otros 74 sacerdotes, entre ellos nuestro mártir Ángel Muñoz de Morales Sánchez-Cano, más 24 seglares y una consagrada.

El cierre de la Causa significa que se han cumplido todos los trámites a nivel Diocesano y por tanto la documentación y pruebas exigidas, más de 15000 folios, van a ser enviados al Vaticano, Congregación para la Causa de los Santos, para su resolución final.

Como se recordará en julio de 2016, la citada congregación remitió a las diócesis concernidas entre ellas la de Ciudad Real el nihil-obstat sobre la documentación inicial del proceso.

Así pues, se inicia el último trámite para que los cien mártires de la Diócesis de Ciudad Real sean finalmente glorificados.

Es oportuno dar gracias a Dios por el beneficio que se nos concede a todos los que seguimos ese proceso y nada mejor para ello que aprovechar la efemérides del próximo martes 21 de noviembre, recuerdo de aquel 21 de septiembre de 1936, en que Ángel testificó con su muerte la fe en Cristo.

Se celebrarán Misas en su memoria, a las ocho de la tarde en la Parroquia de Almadén,  de siete y media de la tarde en la Parroquia de Santa María la Mayor de Daimiel y en Madrid a las siete de la tarde en la Parroquia de San Fernando.

MUÉVETE CONTRA LA DESIGUALDAD OBSCENA.

MUÉVETE CONTRA LA DESIGUALDAD OBSCENA.

LEMA: MUÉVETE CONTRA LA DESIGUALDAD OBSCENA. 

En la Semana Contra la Pobreza, la PLATAFORMA POBREZA CERO, nos insta a comprometernos y a sensibilizarnos por la erradicación de los factores que causan la desigualdad. Es por ello que nos invita a reflexionar y reivindicar:

  • Aumento del presupuesto para políticas públicas sociales de inclusión y protección. (incluyendo inversiones en Educación y en medidas eficaces para la protección de la infancia; inversiones en Sanidad y la anulación del Real Decreto 16/2012 para restaurar la sanidad universal; políticas para la Igualdad de Género y los planes contra la violencia de género; medidas de protección del desempleo y la inserción socio-laboral; Renta Mínima de Inserción para cumplir con la Ley de Prestación de Ingresos Mínimos; cumplir la Ley de Dependencia y pagar las ayudas que se recogen en la misma).
  • Aumento de los fondos destinados a la solidaridad global desligados de intereses comerciales, de seguridad y de control de fronteras.
  • Medidas para garantizar la redistribución

Justicia Fiscal a través de políticas tributarias justas, progresivas y suficientes, que sostengan las políticas sociales (lucha contra el fraude y los paraísos fiscales, Impuesto a las transacciones financieras).

PUEDES COLABORAR CON TU FIRMA:

 A TRAVÉS DE INTERNET: 

http://www.pobrezacero.org/semana-contra-la-pobreza/recogida-firmas/

Jornadas Contra la Pobreza

Jornadas Contra la Pobreza

Jornada sobre Pobreza en la Universidad de Castilla La Mancha. 

En Almadén, el día 26 de Octubre a partir de 16:30.En el Salón de actos de la Escuela  Universitaria de Almadén.  Con participación de Cáritas Parroquial de Almadén enfocada al la Pobreza en el Mundo Rural. 

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Texto del Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017 que se celebrará el próximo 22 de octubre:

La misión en el corazón de la fe cristiana.

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida.

  1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.
  2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo.

  1. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).
  2. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).
  3. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio.

  1. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.
  2. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión.

  1. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias.

  1. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización.

  1. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Francisco.