3 de Diciembre. SAN FRANCISCO JAVIER.

Introducción:

San Francisco de Javier es uno de los patronos de las misiones. Formó parte del grupo originario de la Compañía de Jesús, junto a Ignacio de Loyola y Pedro Fabro. Fue el primer misionero enviado a la India, Malasia, Japón y China. Con sus cartas animó a muchos jóvenes misioneros a seguir sus pasos en lugares tan lejanos.

1.- Los padres de Francisco se llamaban Juan de Jaso y María de Azpilicueta. Francisco nació el 7 de abril de 1506 en el castillo de la familia en  Javier. Él era el menor de cinco hermanos. Los varones se dedicaban  a defender el Reino de Navarra, contra los reyes castellanos que lo invadieron en 1512. Además de guerrera la familia era también muy cristiana. Los padres rezaban a diario con sus hijos en la capilla del castillo, donde se encuentra todavía hoy el Cristo de la sonrisa.

2.- El padre de Francisco, que había sido un alto cargo del rey de Navarra, murió en el exilio. El Cardenal Cisneros mandó que desmocharan las torres de su castillo en el año 1516. Solo dejaron en pie como vivienda la planta inferior. Francisco tenía 9 años. La guerra se prolongaría hasta 1530.

3.- Su madre entre tanto se preguntaba: ¿Qué será de este niño? ¿Seguirá el camino de la guerra? ¿O el de la religión? ¿Quizá el camino de su padre que había ocupado los más altos cargos en el Reino de Navarra? Francisco seguía creciendo sano y fuerte con la caza, la pesca y el juego de pelota. A los 18 años decidió seguir el camino de su padre: primero estudiaría una carrera y luego buscaría honores y cargos importantes en Pamplona.

4.- En 1524 Francisco montó a caballo y comenzó una larga cabalgada de tres semanas… hasta París. La Sorbona era la mejor universidad del mundo. Allí estudiaban 4000 jóvenes venidos desde todos los rincones de Europa. La vida era dura: levantarse a las cuatro, a las cinco la primera clase… Empezó a destacar en todo, por su carácter alegre, por su inteligencia y sus cualidades de deportista.

5.- No le faltaban tampoco los malos ejemplos. El recuerdo de su madre y la ayuda de sus compañeros de habitación le salvaron. Pedro Fabro, un joven saboyano bondadoso, y un estudiante cojo de 40 años llamado Ignacio que venía de Loyola. Provenía de una familia guerrera y había sido herido en Pamplona en la guerra por el Reino de Navarra.

6.- Al principio tuvieron a que ayudar a Ignacio que iba retrasado en los estudios. Pero poco a poco Ignacio se los ganó a ellos. Les hablaba de Jesús y de cómo se había convertido él mismo de su mala vida. Francisco no le hacía mucho caso y solo pensaba en sus planes de futuro. Ignacio le repetía “¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo si al final pierde su alma?”.

7.- En 1534 Francisco, que ya era profesor universitario, decidió unirse al grupo de Ignacio. Eran siete amigos, o mejor ocho, ya que todos se consideraban los “compañeros de Jesús”. Se arrodillaron en la capilla de Montmartre, hicieron votos de castidad, pobreza y de viajar a Tierra Santa. Y si esto no fuera posible  se ofrecerían al Papa para lo que fuera necesario. Había nacido la Compañía de Jesús.

8.- En 1537 viajaron a Roma. A pie, mendigando. En Roma intentaron obtener la autorización del Papa Pablo III para peregrinar a Tierra Santa. La guerra entre los turcos y Venecia estropeó sus planes. Se pusieron a disposición del Papa. Francisco y sus compañeros ya eran sacerdotes. Soñaba con las misiones.

9.- El papa aprobó la Compañía de Jesús en 1540. El grupo creció rápidamente. Los reyes les pedían jesuitas para todas partes: Carlos V para América y Juan III para la India. Ignacio decidió enviar dos jesuitas a las misiones de Oriente. Pero uno de ellos enfermó y le ofreció su puesto a Francisco que hasta entonces ejercía como su secretario.

10.- En 1540 Francisco sale de Lisboa. El viaje era largo y peligroso. Muchos viajeros hacían testamento antes de partir: pestes, tempestades, naufragios, piratas, agua y alimentos en mal estado… En Mozambique ya habían muerto 80 pasajeros, el mismo Francisco estuvo muy grave. Escribió en sus cartas: “No repetiría un solo día por todo el oro del mundo, pero sí por el evangelio”.

11.- Después de dos años de viaje, en 1542, Francisco llegó a la India. Con una campanilla en la mano recorría las calles llamando a pequeños y a mayores. Escribía en sus cartas que “se le cansaban las manos de tanto bautizar”. Predicaba con su ejemplo, vivía pobremente, mendigaba el pan, atendía a los enfermos y ayudaba a los presos.

12.- En 1545 Francisco embarcó a Malaca. Vivía en una pobre cabaña. Se pasaba las noches en oración. Su almohada era una piedra. Por las mañanas predicaba en lengua malaya mientras llamaba a la gente con la campanilla.

13.- En 1546 Francisco recorre las islas Molucas.  Atraía a los nativos poniendo música al catecismo. Por todas las casas se oía cantar el padrenuestro, los mandamientos y el avemaría. En esas islas los misioneros anteriores habían muerto víctimas de los “cortadores de cabezas”. Francisco recorrió todas las islas sin miedo y con fe.

14.- En 1549 Francisco llegó a Japón. Allí los bautizos eran más difíciles. No les atraía con su humildad y sencillez. Cambió su vieja sotana por las ropas de los samurais y los sabios japoneses. Intentó ganarse con regalos a los nobles y al mismo emperador. Francisco pensó entonces que para convertir al Japón primero debería evangelizar China.

15.- En agosto de 1552 un pescador lo llevó hasta una isla cercana. Estaba prohibido a los extranjeros entrar en el imperio chino bajo pena de muerte. Construyó una cabaña en la isla de Sanchuán desde la que se divisaba China. Le acompañaban Antonio, de origen chino, y Cristóbal, de origen indio. El 3 de diciembre de 1552 Francisco murió enfermo de pulmonía con los ojos fijos en China. Tenía 46 años. Su cuerpo se venera en Goa, la India.

Texto y viñetas: Javier Prat Cambra.

CARMEN AVILERO, MISIONERA ALMADENENSE EN BENÍN, ÁFRICA.

CARMEN AVILERO, MISIONERA ALMADENENSE EN BENÍN, ÁFRICA.

CAMBIAR EL MUNDO… ¿YO?…

¿Cambiar el mundo? ¿yo?, ¿nosotros, los soldados de a pie? ¡Qué pretensión!… Eso fue lo primero que me vino a la cabeza cuando me pidieron que escribiera sobre el lema del Domund de este año. Pero luego empecé a darle vueltas al tema… ¿yo? ¿sola?… no, imposible, ni en sueños. ¿El mundo?… demasiado grande, una quimera. Eso es cosa de los reyes, los políticos, los papas, los poderosos… Pero… ¿nosotros, un grupito, con ayudas, con colaboradores…? El mundo no, pero nuestro rinconcito… En realidad, eso es lo que hizo Jesús, eso es lo que ha hecho la Iglesia desde su fundación (escuelas, hospitales, atención a los más necesitados)… han ido cambiando el mundo, la sociedad de cada época. Es lo que hace todo hombre de buena voluntad que sin saberlo, sin pensarlo siquiera, intenta ayudar a los que le rodean poniendo un poquito, o un mucho, de amor en sus gestos y en sus palabras. Y, humildemente, sin ninguna pretensión, es lo que yo he visto a lo largo de mi vida religiosa y misionera, aquí más porque las carencias son mayores y los cambios se perciben a corto plazo.

¡Cuántos niños escolarizados gracias a sus padrinos europeos han llegado a ser personas de bien y los que por falta de medios estaban destinados a vivir siempre en la pobreza hoy son maestros, sacerdotes, enfermeros, técnicos y hasta diputados y ministros!. ¡Cuántas personas han recobrado la salud, la vista, el movimiento porque alguien a quien nunca conocerán ha pagado su operación! Cuántas familias tienen hoy una casita, un taller… cuantos pueblos se benefician de escuelas, de dispensarios, de pozos que les evitan recorrer grandes distancias para procurarse algo tan elemental como el agua, la salud, la educación…

Sí. Solos no, pero juntos podemos cambiar muestro entorno, hacer felices a los que amamos, llevar el mensaje del amor y la misericordia de Dios a todos los que nos rodean y aún a los que están muy lejos. ¡Ánimo! Entre todos, cada uno en su rincón, y con la ayuda de Dios, podemos hacer un mundo mejor.

Mª Carmen Avilero, religiosa teatina, misionera en Benín, África, nacida en Almadén.

Infancia Misionera

Infancia Misionera

INFANCIA MISIONERA EN LA SOLANA

Más de 1.700 niños procedentes de 43 parroquias de la diócesis participaron en el IX Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera que acogió La Solana. Bajo el lema ‘Atrévete a ser misionero’, los niños y los jóvenes disfrutaron de una intensa jornada con varios talleres muy interactivos, que finalizó con una oración en la plaza de toros.

La actividad fue un éxito de participación y, sobre todo, un éxito de coordinación. Más de ciento setenta voluntarios de las parroquias solaneras, de las cofradías y hermandades de la localidad, y también procedentes de otras poblaciones, ayudaron en la parte logística para que todo saliera perfecto, según el delegado diocesano de Misiones, Damián Díaz.

Tras pasar por Ciudad Real, Valdepeñas, Miguelturra, Daimiel o Tomelloso, entre otras, la actividad llegó a La Solana con chavales con edades comprendidas entre los nueve y los trece años procedentes de cuarenta y tres parroquias de la diócesis.

Los participantes pasaron por los cinco talleres previstos que simbolizaban cada uno de los cinco continentes y que estaban  identificados por colores diferentes. Talleres que se desarrollaron en el colegio El Santo, en el colegio Sagrado Corazón, en los polideportivos de los dos colegios citados, en la Casa de la Iglesia, en el palacio Don Diego, en la ermita de San Sebastián, en el Auditorio  y en la Plaza de Toros para la comida y una oración para terminar.

Los niños y jóvenes debían realizar acciones enfocadas con el lema de este año. En un taller se atrevieron a hablar con Dios, en otro a ser una familia misionera, en otro a ser un superhéroe misionero, en otro a dar el salto a la misión, y todo con divertidos juegos. La parroquia de Almadén ha participado a través de los talleres de “Familia misionera”, en los que han dado su testimonio como familias misioneras Javier Prat y dos de sus hijos por un lado, e Inmaculada Naharro y su marido Vicente Ginés por otro.

 

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Texto del Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017 que se celebrará el próximo 22 de octubre:

La misión en el corazón de la fe cristiana.

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida.

  1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.
  2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo.

  1. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).
  2. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).
  3. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio.

  1. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.
  2. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión.

  1. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias.

  1. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización.

  1. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Francisco.

Testigos de Hoy: San Juan Bosco

Testigos de Hoy: San Juan Bosco

TESTIGOS DE HOY – SAN JUAN BOSCO

Introducción: San Juan Bosco es considerado el apóstol de la juventud. Vivió en una época en la que los jóvenes obreros del siglo XIX estaban abandonados a su suerte, a los cambios que trajo la revolución industrial. San Juan Bosco fundó los salesianos y las salesianas para resolver ese problema. Ideó las escuelas de formación profesional donde salieran formados para valerse por sí mismos en una sociedad egoísta.

1.- Juan Bosco nació en I Bechi, al norte de Italia el 16 de agosto de 1815. Su padre murió cuando tenía dos años. Era el más pequeño de tres hermanos. Vivían de forma sencilla en una granja, cuidaban los animales y trabajaban la tierra.

2.- La madre de Juan, Margarita, les enseñó a rezar y a descubrir a Dios en el campo y la naturaleza. Eran tiempos muy duros, de guerras continuas entre los pequeños reinos y ciudades de Italia y el poderoso imperio de Austria-Hungría.

3.- A los nueve años, Juan tuvo un sueño, que se repetiría varias veces a lo largo de su vida. Veía un patio lleno de niños solos y desatendidos. Y a una hermosa señora, la Virgen María, que le enseñaría a transformar esos niños salvajes en corderos.

4.- A los once años Juan hizo su primera comunión con la preparación de su madre. De los saltimbanquis y tirititeros ambulantes aprendió trucos, que usaba para entretener a la gente y, de paso, enseñarles el evangelio.

5.- Juan quería estudiar y ser sacerdote. Durante varios años trabajó en una granja vecina por desacuerdos con su hermano mayor. A los quince años, Juan se fue a vivir con un viejo sacerdote, Juan Calosso, que le animó y le ayudó a progresar en sus estudios.

6.- Juan leía libros sin parar y aprendía todos los oficios que podía: herrero, zapatero, sastre, carpintero, música… En la escuela de Chieri organizó con otros estudiantes la “Sociedad de la alegría”. Primero hacían los deberes escolares y luego se divertían.

7.- A los veinte años, Juan aprobó el examen de ingreso al seminario de Turín. En 1841 se ordenó sacerdote. Decidió quedarse en los barrios obreros de la ciudad. Recorría las calles turinesas reuniendo jóvenes trabajadores y ayudaba a los presos menores de edad cuando salían de las cárceles.

8.- El sacerdote Don Bosco organizó un oratorio en Valdocco, a las afueras de Turín, para recoger a los jóvenes. En la viñeta la iglesia construída en 1852 y dedicada a San Francisco de Sales. Organizaba juegos, clases nocturnas, meriendas, catequesis. Entre aquellos jóvenes estaban los primeros salesianos.

9.- Don Bosco cayó gravemente enfermo y durante ocho días estuvo a punto de morir. Los jóvenes del oratorio rezaron a la Virgen por su curación. En 1846 Mamá Margarita vino para ayudarle y convertirse en la madre de todos los muchachos del oratorio.

10.- Desde 1853 Don Bosco empezó a escribir una gran variedad de pequeños libros dedicados a la educación de la juventud. Sufrió también  varias agresiones e intentos de asesinato de personas que veían mal su trabajo de promoción con los jóvenes. Un misterioso perro gris le salvó en algunas ocasiones.

11.- En 1853 Don Bosco abrió el primero de los talleres donde los jóvenes pudieron aprender diferentes oficios: zapatería, sastrería, encuadernación e imprenta, carpintería… Él mismo enseñaba lo que había aprendido de joven, además de maestros artesanos en cada oficio.

12.- En 1855, hizo sus votos el primero de los salesianos, Miguel Rúa, que había sido de los primeros niños recogidos en Valdocco. En 1872, con María Mazarello, fundó las Hijas de María Auxiliadora, para atender y formar a las jóvenes trabajadoras.

13.- En 1875, Don Bosco envió a los primeros salesianos a las misiones en América. Un salesiano que había sido niño del oratorio en Valdocco, Juan Cagliero, fue nombrado obispo en la Patagonia, al sur de Argentina. En la actualidad, 15.500 salesianos trabajan en 132 países del mundo entero.

14.- En 1868 Don Bosco levantó el santuario dedicado a María Auxiliadora en Turín, con limosnas recogidas por toda Italia. En 1887, con limosnas de toda Europa, construyó el santuario del Sagrado Corazón en Roma (en la viñeta). En la misa inaugural Don Bosco no pudo retener las lágrimas.

15.- El 31 de enero de 1888 Don Bosco murió a los 72 años. Su fiesta se celebra en todo el mundo ese mismo día. Fue declarado santo en 1934. Lo consideran su patrono los magos e ilusionistas, la gente del cine, los impresores y, por supuesto, los jóvenes a los que dedicó toda su vida e ingenio. En la viñeta, el santuario de María Auxiliadora de Turín, y en el cielo, junto a María Mazarello.

Texto y viñetas: Javier Prat Cambra.

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