Infancia Misionera

Infancia Misionera

INFANCIA MISIONERA EN LA SOLANA

Más de 1.700 niños procedentes de 43 parroquias de la diócesis participaron en el IX Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera que acogió La Solana. Bajo el lema ‘Atrévete a ser misionero’, los niños y los jóvenes disfrutaron de una intensa jornada con varios talleres muy interactivos, que finalizó con una oración en la plaza de toros.

La actividad fue un éxito de participación y, sobre todo, un éxito de coordinación. Más de ciento setenta voluntarios de las parroquias solaneras, de las cofradías y hermandades de la localidad, y también procedentes de otras poblaciones, ayudaron en la parte logística para que todo saliera perfecto, según el delegado diocesano de Misiones, Damián Díaz.

Tras pasar por Ciudad Real, Valdepeñas, Miguelturra, Daimiel o Tomelloso, entre otras, la actividad llegó a La Solana con chavales con edades comprendidas entre los nueve y los trece años procedentes de cuarenta y tres parroquias de la diócesis.

Los participantes pasaron por los cinco talleres previstos que simbolizaban cada uno de los cinco continentes y que estaban  identificados por colores diferentes. Talleres que se desarrollaron en el colegio El Santo, en el colegio Sagrado Corazón, en los polideportivos de los dos colegios citados, en la Casa de la Iglesia, en el palacio Don Diego, en la ermita de San Sebastián, en el Auditorio  y en la Plaza de Toros para la comida y una oración para terminar.

Los niños y jóvenes debían realizar acciones enfocadas con el lema de este año. En un taller se atrevieron a hablar con Dios, en otro a ser una familia misionera, en otro a ser un superhéroe misionero, en otro a dar el salto a la misión, y todo con divertidos juegos. La parroquia de Almadén ha participado a través de los talleres de “Familia misionera”, en los que han dado su testimonio como familias misioneras Javier Prat y dos de sus hijos por un lado, e Inmaculada Naharro y su marido Vicente Ginés por otro.

 

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017

Texto del Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de la Jornada Misionera Mundial 2017 que se celebrará el próximo 22 de octubre:

La misión en el corazón de la fe cristiana.

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida.

  1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.
  2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo.

  1. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).
  2. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).
  3. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio.

  1. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.
  2. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión.

  1. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias.

  1. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización.

  1. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Francisco.

Testigos de Hoy: San Juan Bosco

Testigos de Hoy: San Juan Bosco

TESTIGOS DE HOY – SAN JUAN BOSCO

Introducción: San Juan Bosco es considerado el apóstol de la juventud. Vivió en una época en la que los jóvenes obreros del siglo XIX estaban abandonados a su suerte, a los cambios que trajo la revolución industrial. San Juan Bosco fundó los salesianos y las salesianas para resolver ese problema. Ideó las escuelas de formación profesional donde salieran formados para valerse por sí mismos en una sociedad egoísta.

1.- Juan Bosco nació en I Bechi, al norte de Italia el 16 de agosto de 1815. Su padre murió cuando tenía dos años. Era el más pequeño de tres hermanos. Vivían de forma sencilla en una granja, cuidaban los animales y trabajaban la tierra.

2.- La madre de Juan, Margarita, les enseñó a rezar y a descubrir a Dios en el campo y la naturaleza. Eran tiempos muy duros, de guerras continuas entre los pequeños reinos y ciudades de Italia y el poderoso imperio de Austria-Hungría.

3.- A los nueve años, Juan tuvo un sueño, que se repetiría varias veces a lo largo de su vida. Veía un patio lleno de niños solos y desatendidos. Y a una hermosa señora, la Virgen María, que le enseñaría a transformar esos niños salvajes en corderos.

4.- A los once años Juan hizo su primera comunión con la preparación de su madre. De los saltimbanquis y tirititeros ambulantes aprendió trucos, que usaba para entretener a la gente y, de paso, enseñarles el evangelio.

5.- Juan quería estudiar y ser sacerdote. Durante varios años trabajó en una granja vecina por desacuerdos con su hermano mayor. A los quince años, Juan se fue a vivir con un viejo sacerdote, Juan Calosso, que le animó y le ayudó a progresar en sus estudios.

6.- Juan leía libros sin parar y aprendía todos los oficios que podía: herrero, zapatero, sastre, carpintero, música… En la escuela de Chieri organizó con otros estudiantes la “Sociedad de la alegría”. Primero hacían los deberes escolares y luego se divertían.

7.- A los veinte años, Juan aprobó el examen de ingreso al seminario de Turín. En 1841 se ordenó sacerdote. Decidió quedarse en los barrios obreros de la ciudad. Recorría las calles turinesas reuniendo jóvenes trabajadores y ayudaba a los presos menores de edad cuando salían de las cárceles.

8.- El sacerdote Don Bosco organizó un oratorio en Valdocco, a las afueras de Turín, para recoger a los jóvenes. En la viñeta la iglesia construída en 1852 y dedicada a San Francisco de Sales. Organizaba juegos, clases nocturnas, meriendas, catequesis. Entre aquellos jóvenes estaban los primeros salesianos.

9.- Don Bosco cayó gravemente enfermo y durante ocho días estuvo a punto de morir. Los jóvenes del oratorio rezaron a la Virgen por su curación. En 1846 Mamá Margarita vino para ayudarle y convertirse en la madre de todos los muchachos del oratorio.

10.- Desde 1853 Don Bosco empezó a escribir una gran variedad de pequeños libros dedicados a la educación de la juventud. Sufrió también  varias agresiones e intentos de asesinato de personas que veían mal su trabajo de promoción con los jóvenes. Un misterioso perro gris le salvó en algunas ocasiones.

11.- En 1853 Don Bosco abrió el primero de los talleres donde los jóvenes pudieron aprender diferentes oficios: zapatería, sastrería, encuadernación e imprenta, carpintería… Él mismo enseñaba lo que había aprendido de joven, además de maestros artesanos en cada oficio.

12.- En 1855, hizo sus votos el primero de los salesianos, Miguel Rúa, que había sido de los primeros niños recogidos en Valdocco. En 1872, con María Mazarello, fundó las Hijas de María Auxiliadora, para atender y formar a las jóvenes trabajadoras.

13.- En 1875, Don Bosco envió a los primeros salesianos a las misiones en América. Un salesiano que había sido niño del oratorio en Valdocco, Juan Cagliero, fue nombrado obispo en la Patagonia, al sur de Argentina. En la actualidad, 15.500 salesianos trabajan en 132 países del mundo entero.

14.- En 1868 Don Bosco levantó el santuario dedicado a María Auxiliadora en Turín, con limosnas recogidas por toda Italia. En 1887, con limosnas de toda Europa, construyó el santuario del Sagrado Corazón en Roma (en la viñeta). En la misa inaugural Don Bosco no pudo retener las lágrimas.

15.- El 31 de enero de 1888 Don Bosco murió a los 72 años. Su fiesta se celebra en todo el mundo ese mismo día. Fue declarado santo en 1934. Lo consideran su patrono los magos e ilusionistas, la gente del cine, los impresores y, por supuesto, los jóvenes a los que dedicó toda su vida e ingenio. En la viñeta, el santuario de María Auxiliadora de Turín, y en el cielo, junto a María Mazarello.

Texto y viñetas: Javier Prat Cambra.

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El Domund Cumple 90 años

El Domund Cumple 90 años

El año 1622 nació la Congregación para la Evangelización de los pueblos, que desde hace casi cuatro siglos, viene preocupándose, por encargo del papa, de aquellos territorios donde no se conoce a Jesucristo, donde no está instaurada o no tiene los recursos necesarios la Iglesia.

Doscientos años después, en 1822, la francesa Paulina Jericot fundó la Obra de propagación de la fe. Cien años más tarde, en 1922, el Papa Pío XI asumió esta Obra como suya y la declaró Pontificia: La Pontificia Obra de Propagación de la fe.  Cuatro años más tarde, en 1926, se instauró la Jornada Mundial de las Misiones, que en España se conoce como Domingo MUNDial, un día y un mes, el de octubre, en que toda la Iglesia y toda la sociedad se preocupa de conocer mejor el trabajo de los misioneros y apoyarlos con su oración y recursos económicos. De España han salido 13.000 misioneros y 95 de la diócesis de Ciudad Real. Se sintoniza así con las necesidades y las esperanzas de los pueblos con los que los misioneros comparten su vida, y se promueven también las necesarias vocaciones misioneras.

Los españoles enviaron en el DOMUND de 2015 la cantidad de más de trece millones y medio de euros a las misiones. Es el segundo país con mayor aportación al Fondo Universal de Solidaridad. De Ciudad Real provenían un poco más de 188.000 euros. Con nuestra oración y nuestra ayuda económica “salimos de nuestra tierra” y colaboramos efectivamente a la proclamación del evangelio y la solidaridad con los hermanos.

Damián Ortiz, Delegado Diocesano de Misiones de Ciudad Real.

Maximiliano Kolbe

Maximiliano Kolbe

TESTIGOS DE HOY,MAXIMILIANO KOLBE.

 

 

VIÑETAS:


Maximiliano Kolbe era un fraile franciscano muy devoto de la Virgen María. Vivió y murió durante los años de la I y la II Guerra Mundial. Usó los medios periodísticos de la época para dar a conocer la espiritualidad mariana en todo el mundo. Pero es conocido, sobre todo, por su martirio heroico. Ofreció su vida a cambio de la de otro prisionero en los campos de concentración nazis. Con él murieron millones de católicos y judíos anónimos. Su nombre es sinónimo de amor a los demás y coraje ante el horror de la guerra.


1.- Maximiliano Kolbe nació el 8 de enero de 1894 en Pabienice, Polonia, el 8 de enero de 1894, con el nombre de Raimundo. Tuvo otros cuatro hermanos, de los que dos murieron pronto. La casa de la familia Kolbe era pobre, pero crecieron rodeados de un ambiente fuertemente religioso.


2.- Su padre, Julio Kolbe, pertenecía a la Tercera Orden Franciscana, en la que tuvo importantes responsabilidades. La madre, María Dabrowsky, quiso ser religiosa antes de su matrimonio. En la casa tenían un altarcillo dedicado a Nuestra Señora de Czestochova, patrona de Polonia. Los hijos heredaron esta devoción.


3.- En 1906 su madre lo observa a menudo rezando ante el altar de la Virgen lleno de lágrimas. El niño le cuenta  que la Virgen le ha ofrecido dos coronas, una blanca y otra roja, y que él había aceptado las dos.


4.-Maximiliano, con 13 años, y su hermano Francisco, ingresaron en los Frailes Menores Franciscanos en el seminario de Luov en 1907. A menudo los frailes lo encontraban rezando de rodillas ante una gran cruz, absorto y aislado de todo lo que le rodeaba.


5.- En 1910 le impusieron el hábito franciscano y adoptó el nombre de Maximiliano María. En 1912, con 18 años, lo envían a Roma a estudiar filosofía y teología para aprovechar sus cualidades como estudiante. En 1918 es ordenado sacerdote.


6.- En 1917, todavía en Roma, funda una asociación de fieles devotos de la Virgen María, la “Milicia de la Inmaculada”. Vuelve a Polonia con una gran preparación intelectual pero con la salud muy débil y una tuberculosis que le acompañará toda la vida. La Milicia de la Virgen se extiende ente los frailes, los obreros, los soldados, los estudiantes y las amas de casa. Llegó a contar con un millón de miembros en todo el mundo.


7.- En 1922 se traslada a Grodno. Empieza a escribir y a editar la revista “El Caballero de la Inmaculada” con la idea de extender por las familias de Polonia y del mundo la espiritualidad y la devoción a la Virgen María. Para ello monta la redacción y la imprenta en el convento franciscano.


8.- En 1929 funda Niepokalanow, una pequeña ciudad dedicada a la Inmaculada, con sencillos edificios para la comunidad franciscana, la capilla y el taller de imprenta. La ciudad creció hasta acoger a más de 900 frailes. La revista “El Caballero de la Inmaculada” era mensual y llegó a editar un millón de ejemplares. También tiraban 125.000 ejemplares del periódico diario “El Pequeño Diario”.


9.- En 1930 Maximiliano Kolbe fundó otra ciudad de la Inmaculada en Nagasaki, en Japón. A pesar de las dificultades de idioma, de economía y de cultura pronto consiguió montar un taller de imprenta y editar el primer número en japonés. La salud le empeoró debido al clima. Entonces se vio obligado a volver a Europa.


10.- En 1939 estalló la II Guerra Mundial. Los nazis de Hitler invadieron Polonia. Saquearon la ciudad de la Virgen de Niepokalanow. Los frailes fueron encerrados en un campo de concentración durante varios meses. Cuando volvieron faltaba de todo: ropa, alimentos, medicinas… A pesar de las carencias auxiliaron a más de mil judíos y a cientos de niños de los alrededores.


11.- En diciembre de 1940 editó el último número de la revista “El Caballero de la Inmaculada”. En febrero de 1941 Maximiliano Kolbe fue arrestado por la Gestapo junto a cinco sacerdotes de su comunidad. Fueron llevados a la cárcel de Varsovia, conocida como la “Pawiak”.


12.- En mayo de 1941 es trasladado al campo de exterminio de Auschwitz, donde murieron más de cinco millones de personas. Le adjudican el número 16670. Acarrea piedras y arena, lo apalean por ser sacerdote, padece neumonía, trabaja en el campo…


13.- Un día un compañero preso del bloque 14 consigue escaparse. El jefe del campo, el comandante Frisch, escoge diez presos al azar y los condena a morir de hambre y de sed como represalia por la fuga. Uno de los elegidos, el sargento Francisco Gajownieczek, llora por su mujer y sus hijos. Kolbe sale de la fila y se ofrece en su lugar.


14.- Los diez condenados son encerrados en las celdas conocidas como el “búnker de la muerte”. Allí morirán de hambre y de sed. Cada día los guardias retiran los cadáveres de los que van muriendo. Se oyen cantos y oraciones, como si fuera una iglesia. Dos semanas después solo quedan cuatro. El doctor del campo les pone una inyección de ácido fénico. Kolbe ofrece su brazo sin resistencia. Al día siguiente su cadáver es incinerado en el horno crematorio de Auschwitz. Tenía 47 años.


15.- En 1971 el Papa Pablo VI beatifica a Maximiliano Kolbe. En 1982 Juan Pablo II lo canoniza como mártir de la caridad. Desde entonces el 14 de agosto, día de su martirio, se le venera como San Maximiliano Kolbe.

Texto y dibujos: Javier Prat Cambra.