Este cominicado se leyó el primer domingo del presente mes en todas las parroquias de nuestro arciprestazgo.

El amor cristiano al prójimo y la justicia, no se pueden separar. Porque el amor implica una exigencia de la justica, es decir, el reconocimiento de la dignidad y de los derechos del prójimo.

Como recoge el Modelo de Acción Social de Cáritas, el amor se va realizando en la historia, no es sólo futuro. Se concreta en el establecimiento de las relaciones humanas, regidas por la justicia, el bien común, y el destino universal de los bienes, y los demás principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

En Cáritas, trabajamos por la justicia, como dice nuestro lema. Hay que dar a cada uno “lo suyo”, lo que le corresponde en igualdad, y no se puede dar por caridad lo que se debe en justicia. Amar significa respetar con los hechos al prójimo en su dignidad personal y en sus derechos.

Los problemas y las circunstancias de sufrimiento y dolor son muchos actualmente. Miremos donde miremos se hace patente la vida infrahumana de tantos hermanos nuestros. Practicar la justicia es poner las bases para que no ocurra ni vuelvan a ocurrir situaciones tan duras.

Actuar en justicia conlleva descubrir la voluntad de Dios y hacerla realidad en la Tierra. A ello nos llama el tiempo de Cuaresma. Es tiempo de Justicia.