EL PAPA PUBLICA LA EXORTACIÓN “GAUDETE ET EXULTATE”.

El 9 de abril de 2018 el Papa Francisco ha publicado un documento en el que  reflexiona sobre la idea de que todos estamos llamados a ser santos. Una llamada que transforma nuestra vida y nos acerca hasta la felicidad para la que hemos sido creados.

Cada uno de los 177 puntos en los que se desarrolla el último documento del Papa Francisco rezuma el optimismo y la alegría que para un cristiano supone tomarse en serio la llamada a la santidad. Una vez más, la alegría presente en esta nueva exhortación, la tercera del Papa Francisco, tal como lo estuvo en “Evangelii Gaudium y “Amoris Laetitia”.

¿Qué es una Exhortación Apostólica? Así se denomina a uno de los documentos escrito por un Papa como fruto de su magisterio. Se podría decir que es el tercero en importancia tras las constituciones apostólicas y las encíclicas. Esto no significa que tenga menor rango que los demás, porque la importancia de un documento papal depende de su contenido y no de la forma. Se trata de mensajes de tipo pastoral escritos por el Papa para dar indicaciones concretas sobre una cuestión en particular, en este caso sobre la santidad. La exhortación apostólica establece directrices claras para que los católicos afronten con criterio las nuevas situaciones que plantea el mundo moderno y en ocasiones, aunque no es imprescindible, los papas suelen escribirlas tras haber consultado a los obispos en los sínodos.

Tal como se esperaba está firmada el pasado 19 de marzo, día de San José, jornada en la que el Papa Francisco celebraba el quinto aniversario del comienzo de su Pontificado.

El texto está dividido en 5 capítulos que llevan los siguientes títulos: “La llamada a la Santidad”, “Dos sutiles enemigos de la Santidad”, “A la luz del Maestro”, “Algunas notas de la Santidad en el Mundo Actual”, “Combate, Vigilancia y Discernimiento”.

A lo largo de la Exhortación, el Papa Francisco recoge el testigo de sus predecesores Benedicto XVI y San Juan Pablo II para argumentar la llamada universal a la santidad, en hilo directo con el Concilio Vaticano II. Un tema que aparece en el capítulo V de la Constitución conciliar “Lumen gentium”, en la que el Papa se ha inspirado en diversas ocasiones para distintas catequesis y discursos.

Ya desde el preámbulo, el Papa Francisco nos recuerda que Dios “nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. Con este escrito, tal como el mismo indica, el Papa no pretende elaborar un tratado sobre la santidad, sino recordarnos lo que significa y supone en nuestra vida esta llamada a la santidad, encarnada en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades.

CAPÍTULO PRIMERO: “La llamada a la Santidad”

En la tarea de alcanzar la Santidad no estamos solos: “Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión”. Además, los tenemos mucho más cerca de lo que nos imaginamos “en la puerta de al lado”. “No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo.” “ Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad «de la puerta de al lado»; «la clase media de la santidad». En este capítulo el Papa también nos previene contra el desaliento cuando contemplamos modelos de santidad que parecen inalcanzables y marca cuál sería el camino: “¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”. Y para poder sacar adelante esta empresa tenemos la suerte de poder encontrar en la Iglesia, todo lo que necesitamos para poder crecer en santidad.

Aborda también el Papa en este capítulo el carácter de Misión que tiene esta llamada a la Santidad. “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio”.

«La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (Benedicto XVI). Entre los múltiples consejos que nos ofrece el Papa para desarrollar esta misión se encuentra el siguiente: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio…(/)… Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios.”

Dentro del optimismo con el que hemos de abordar este camino, el Papa Francisco insiste: “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó.” “No tengas miedo de apuntar más alto. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. En la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos» (León Bloy)”.

CAPÍTULO SEGUNDO: “Dos sutiles enemigos de la Santidad”

Aborda aquí el Papa cuáles son los dos enemigos de la Santidad actual y que podrían desviarnos del camino: El gnosticismo y el pelagianismo. Dos herejías que aunque surgieron en los primeros siglos, siguen teniendo alarmante actualidad. El Papa define el gnosticismo actual como “Una mente sin Dios y sin carne” “En definitiva, se trata de una superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento.” “Esto puede ocurrir dentro de la Iglesia: pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo. Una doctrina sin misterio” “Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida.”

El otro enemigo de la Santidad es el pelagianismo actual: “Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana; Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (San Agustín). Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada” “La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa.” Finalmente el Papa recuerda que “Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Es quizás una forma sutil de pelagianismo.” “Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

CAPÍTULO TERCERO: “A la luz del Maestro”

Encontramos en este capítulo la brújula exacta para saber cómo acertar en nuestro camino hacia la Santidad: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas” . Y a partir de aquí, el Papa Francisco va mostrando el itinerario recorriendo las Bienaventuranzas: “Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” “ Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior.” “Ser pobre en el corazón, esto es santidad. «Felices los mansos, porque heredarán la tierra» “Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades”. “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad” “Felices los que lloran, porque ellos serán consolados” “El mundo nos propone lo contrario: se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento.” “Saber llorar con los demás, esto es santidad” “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados” “ La palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los indefensos. Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad” “Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” “El Catecismo nos recuerda que esta ley se debe aplicar «en todos los casos», de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil”. “Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” “Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios” “En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven” “Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad. «Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» “No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas. Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

“Felices los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”: Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad”

Todo este itinerario se resume en lo que el Papa Francisco denomina “El Gran Protocolo”: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36). El Papa detalla con un ejemplo práctico: “Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos!

Sobre las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio: “Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia” “También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria.” “ Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética”.

Recuerda el Papa que lo expuesto anteriormente no se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero: “Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia” “El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos.

CAPÍTULO CUARTO:  “Algunas notas de la Santidad en el Mundo Actual”

A lo largo de los párrafos de este capítulo el Papa no pretende detenerse a explicar los medios de santificación que ya conocemos: los distintos métodos de oración, los preciosos sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la ofrenda de sacrificios, las diversas formas de devoción, la dirección espiritual, y tantos otros: “Solo me referiré a algunos aspectos del llamado a la santidad que espero resuenen de modo especial. Son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual.”

Estos son los aspectos a los que se refiere el Papa Francisco en este capítulo:

“Aguante, Paciencia y Mansedumbre” “Alegría y Sentido del humor”. “Audacia y Fervor” “En Comunidad” “ En Oración Constante”

CAPÍTULO QUINTO: “Combate, Vigilancia y Discernimiento”

Nos recuerda el Papa que la vida cristiana es un combate permanente: “Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.” “No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias.”

El demonio existe y es algo más que un mito: “No pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades.”

¿Cuáles son las armas poderosas que el Señor nos da para combatir al enemigo? “Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero”

El Papa también nos previene contra la corrupción espiritual: “No nos entreguemos al sueño. Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento.” “¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual” “Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento. Siempre a la luz del Señor” “El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves. Nos hace falta siempre: muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante.

“Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas” “ No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado” “Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

Concluye el Papa Francisco la Exhortación Apostólica dedicando unas palabras a la Virgen: “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».