ESTAMOS EN DEUDA CON LOS MILLONES DE PARADOS.

En el Primero de mayo, la iglesia hace memoria de San José Obrero, acompañando así a la sociedad que celebra la Fiesta del Trabajo. A cincuenta años del Concilio Vaticano II será conveniente escuchar al Espíritu Santo que le sigue diciendo a la Iglesia: “En un momento en que el desarrollo de la vida económica podría mitigar las desigualdades sociales, con demasiada frecuencia trae consigo un endurecimiento y hasta un retroceso en las condiciones de vida de los más débiles.” Los católicos partimos de una base distinta a la meramente económica y juzgamos la situación a partir de la dignidad de la persona del trabajador y de las condiciones humanizadoras que ha de tener el trabajo para quien lo realiza. Dios mismo, a través del Magisterio ordinario del papa nos dice: “Ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás. Nuestro corazón cae en la indiferencia. Podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que hemos de afrontar como cristianos.” Con nuestra experiencia del amor de Dios y nuestras convicciones de fe comuniquemos a todos la gravedad de lo que pasa, y pidamos que esta sociedad dé solución a la deuda que tenemos con los millones de personas de nuestro país que no tienen trabajo.

Antonio Algora, obispo de Ciudad Real.