Un momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios…

Este año viene muy pronto en el calendario solar la luna de Primavera y, por tanto, se nos adelanta el comienzo de la Cuaresma al miércoles próximo, ya de Ceniza. Acogemos con todo interés las palabras del Papa que nos han proclamado este Año Jubilar de la Misericordia, dice así: «La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19). Las páginas del profeta Isaías podrán ser meditadas con mayor atención en este tiempo de oración, ayuno y caridad: “Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: ‘¡Aquí estoy!’. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si partes tu pan con el hambriento y sacias al afligido de corazón, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan” (Is 58,6-11)» (Misericordiae vultus, 17). Así nos ha trazado el papa Francisco nuestro camino cuaresmal. Ciertamente no se augura nada bueno en el campo político y en el concierto, más bien desconcierto de las naciones. Sin embargo, se nos llama a arreglar, o mejor dejarnos arreglar la propia casa, la Cuaresma debe ser para nosotros un poner en cuestión, a la luz de la Tradición de la Iglesia –Palabra de Dios y Moral–, nuestra propia vida, lo que pasa en nuestro interior, en nuestra conciencia y en el interior de nuestras comunidades. Sacar faltas a los demás, y saber lo que deberían hacer y no hacen, es lo fácil y en eso solemos ser expertos. Pero ver la conversión que necesito para cambiar de vida y pedirle a Dios que ponga su corazón en mis propias miserias se nos antoja ya más complicado. No nos perdamos la experiencia que supone ver cómo el Señor me ama y con su amor me cambia el corazón. Ver, mejor sentir, cómo el plan de Dios para mi vida, para nuestras vidas, para nuestra Iglesia es de un presente y futuro espléndido de realización humana que rompe barreras y salta obstáculos que achican la existencia. Ciertamente «tiempo de oración, ayuno y caridad» nos recuerda el Papa y para llenar la experiencia vital muy lejos del vacío de los entretenimientos televisivos siempre exteriores y repetidores de las peores sensaciones y aparentes placeres. Hagamos ayuno, que no la dieta fastidiosa que no consigue bajar peso; ayuno de lo que no me hace persona y me distrae con la gula y la búsqueda ansiosa de cómo llenar los sentidos siempre insatisfechos. Miremos con amor de hermanos a nuestros semejantes, los que tenemos cerca y los que están lejos y podemos aliviar con nuestros dineritos o con nuestra solidaridad en servicios y participación en organizaciones de caridad y promoción. ¡Feliz Cuaresma!

Vuestro obispo, Antonio Algora.