PREGÓN DE SEMANA SANTA EN ALMADÉN 2019.                                                                                                                                                                                                                                                                 Por Rosa del Pozo Hernández.

Buenas noches. La comunidad está hoy reunida aquí para empezar su semana grande, la Semana Santa. Somos comunidad de cristianos que en palabras de nuestro Papa Francisco, “encuentra en la Iglesia lo que es necesario para creer, para vivir como cristianos, para ser santos, para caminar en todo lugar y en cada época.” En la Iglesia aprendemos a vivir la comunión , el amor que viene de Dios. En la Iglesia nos sentimos llamados unos y otros , con diferentes funciones, con diferentes dones , todos iguales , todos necesarios.

Bienvenidos seáis todos al inicio de esta Semana Santa, los cristianos que semanalmente venimos a celebrar la eucaristía, los creyentes no practicantes, los cofrades, nuestro párroco Francisco. Bienvenidos seamos todos, Pueblo de Dios, sin diferencias y unidos en una misma creencia . Bienvenidos y paz y bien.

Nuestro párroco me preguntó si quería hacer el pregón de Semana Santa. Después de decir que si empecé a pensar sobre el significado del pregón. PREGÓN ES ANUNCIO. Mañana comienza la Semana Santa con el Domingo de Ramos. Llega nuestra Semana Mayor, la más importante del año. Para algunos representa sólo la posibilidad de vacaciones. Para otros, es una cita con las tradiciones, en forma de desfile, de encuentros familiares. Y para todos nosotros, es sin duda una forma decisiva de reafirmarnos en nuestras  creencias reviviendo el sufrimiento de Jesucristo por los hombres y su Gloriosa Resurrección.

Este es el mensaje básico del pregón; anunciar que empieza la SEMANA SANTA, que Jesús de Nazaret, el Dios encarnado, el que vivió en un tiempo y en una historia concreta, muere de amor y por amor y resucita, venciendo a la muerte.

Otro año, otra Semana Santa. Aunque puede parecer siempre igual, cada año es totalmente diferente. En la sociedad contemporánea parece que todo vale y no es así. Una cosa es lo que se consume, casi todo desechable, intercambiable y en buena medida, prescindible. Otra cosa es lo que se vive, aquello que nos alimenta en lo más íntimo como personas de cuerpo y alma, siempre en construcción y con un deseo constante de superación, plenitud y transcendencia.

Otro año, recorriendo las calles con nuestras procesiones de Semana Santa. ¿Por qué en las calles? ¿Por qué ocupando un espacio público? ¿Por qué recordar en actualidad, acontecimientos que tienen más de 2000 años de historia? ¿Tiene sentido? Sin duda, tiene pleno sentido y es muestra de valores cívicos y democráticos que compartimos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en 1948, tras la II Guerra Mundial, como marco de convivencia para un mundo de paz, es el reconocimiento de lo que todo ser humano merece por el hecho de ser humano, por su dignidad.

Y como nacemos libres e iguales, sin distinción de raza, lengua, sexo o religión, entre esos derechos ocupa un puesto fundamental la libertad de expresión, de pensamiento, de opinión, de conciencia, de religión, de culto. Por eso, entre otras cosas, tiene sentido. Porque las convicciones religiosas, como parte de los derechos fundamentales, tienen una doble dimensión: una privada y otra pública.

La privada, la íntima ocupa ese lugar sagrado de todo individuo que merece sumo respeto. Esto significa que a nadie se le puede privar y a nadie se le puede exigir. Cada persona es libre de creer o no creer, de buscar o no buscar, de aceptar o no aceptar en su interior estar abierto a la transcendencia.

La segunda dimensión de las convicciones religiosas es pública. Brota de la libertad de expresión y reunión para manifestar y compartir lo que se piensa, lo que se cree. Eso hace coherente que se comparta el espacio público también con otras expresiones culturales y cívicas como la política, el arte, el deporte o la fiesta.

Vivirlo así, con naturalidad, es muestra de nuestros valores cívicos y democráticos compartidos en un Estado de Derecho, aconfesional, que busca el bien de todos en libertad. Muestra de ellos es también la participación y colaboración de los legítimos representantes de los ciudadanos, llamados a trabajar por el bien de todo el pueblo, sin distinción de opción política o de creencias. Bienvenidas seáis a nuestra comunidad cristiana las autoridades civiles que hoy nos acompañáis.

¿Quién es el máximo protagonista de nuestra Semana Santa?

Todos estamos de acuerdo en señalar a Jesucristo, el gran tesoro de nuestras vidas cristianas. Jesús es el Hijo de Dios que viene a salvarnos y la Semana Santa es la confesión pública de fe de un pueblo cristiano que reconoce que Jesús es Camino, Verdad y Vida para los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Vamos a dar comienzo a los días Santos,  a los días grandes en los que Nuestro Señor Jesucristo dio las más hermosas muestras de amor. Vivamos estos días con hondura, con gozo, porque aunque se sufra, se vive de esperanza. Vivamos la Semana Santa desde la oración, el amor y la Solidaridad.

Carguemos por las calles con los “pasos” de nuestras procesiones Pero vayamos más allá, carguemos también con el peso de los que también sufren a nuestro lado.  No olvidemos que la mejor Semana Santa es aquella en la que logremos para los demás un azote menos, alguna espina menos, alguna hora menos de dolor y de agonía.

En esta Semana Santa podremos ver y comprobar hasta donde llega el amor y hasta donde llega el dolor, hasta donde llega el rebajamiento y hasta donde llega la gloria, hasta donde llega la ofensa y hasta donde llega el perdón. Estas realidades no son cosas del pasado. La Pasión y la Pascua se prolongan y se repiten. Lo vemos diariamente sólo estando atentos a lo que pasa a nuestro alrededor.

Si hiciéramos una selección de las diez palabras más bonitas de la lengua española, sin duda la palabra “solidaridad” estaría entre las primeras. Es por eso que el Jueves Santo, Jesucristo muestra su solidaridad con sus amigos sentándose a la mesa con ellos, para compartir el pan y la palabra. Además les lava los pies en un gesto de humilde servicio. Eso es solidaridad y amor.

Solidaridad es hacer tuyo el problema del otro o las desesperanzas y desencantos del otro; solidaridad es no pasar de largo ante el herido ni encogerse de brazos ante el hermano. Solidaridad es esforzarse por comprender y ayudar a los demás.

El amor es una necesidad sentida, lo que más necesita la persona y lo que más necesita la sociedad. Los problemas de las personas podrían tener solución cuando se pasase de la rivalidad a la solidaridad, de retener al compartir, del dominar al servir, del vivir para si al vivir para los demás. Es por eso que el  Jueves Santo celebramos el Día del Amor Fraterno.

Jesús, el Maestro, lava los pies a sus discípulos y lo hace requisito imprescindible para garantizar la fidelidad y constatar la pertenencia a su comunidad. Lo que viene a decir que el auténtico cristiano tendrá que estar dispuesto a lavarle los pies a todos y las manos y la cabeza; a curar sus heridas, a romper las cadenas y a cargar con los demás.

Seguimos en la noche del Jueves Santo. En esa noche, a Jesús le invaden las tinieblas de la muerte. Dice Jesús “Mi alma está triste hasta la muerte”. Se apoderan de Cristo la angustia y el terror cada vez que se le ponía delante la película que le esperaba, y como hombre que era, temblaba y lloraba. Jesús además se encuentra con otra dificultad añadida: la soledad. Por dos veces se encuentra a los discípulos dormidos, siempre dormidos.

También en la vida suele suceder así: las opciones definitivas se toman a solas, las crisis importantes se pasan a solas. Ahora sabemos, después de Getsemaní, que la tristeza y el miedo son superables y sabemos también que el llorar es muy humano, y que la tristeza y el miedo, bien manejados, pueden ser fuente de superación.

Y aún quedaba otro hecho más dramático, si cabe. JUDAS. Judas ennegreció más la noche con el beso de la traición. Fea es toda traición pero si se hace con el signo de la amistad, resulta más fea, más repugnante. Y Jesús se lo echa en cara “amigo, ¿con un beso me entregas? Jesús a pesar del hecho sigue llamándole amigo porque le sigue amando como a un amigo, y si Judas se hubiese abierto a la palabra hubiera entrado en él la salvación.

¿Por qué condenaron a Jesús? Estorbaba a los de arriba (a reyes y gobernantes, sumos sacerdotes, representantes del pueblo romano, letrados, fariseos) y a los de abajo, es decir, a ese pueblo que se contentaba con circo y pan.

Su mensaje de amor y misericordia, su proyecto de vida plasmado en las bienaventuranzas, su hacer un mundo sin fronteras, un mundo soñado por el buen Dios no encajaba en sus planes, no lo podían consentir. Y ¿qué decir de esa lógica de Dios? “Los primeros serán los últimos, el que se humilla será enaltecido, el perder para ganar” Este mensaje no entraba en sus esquemas.

¿Ocurre algo parecido hoy? Sólo miremos alrededor y preguntémonos qué sociedad estamos construyendo, qué panes y circos nos alimentan, qué proyectos y caminos se nos ofrecen.

Desde media mañana del VIERNES a media tarde estuvo clavado Jesús en el madero. Jesús sufre una larga agonía: tres horas según Juan, seis horas, según San Marcos. Tuvo que soportar muchos tormentos físicos, morales y espirituales. Tuvo tiempo para rezar, para perdonar, para gritar, para pedir…

De este tiempo debemos sacar las más bellas lecciones de perdón, de paciencia, de humildad, de confianza, de amor.

Miremos el rostro de Jesús, fijémonos en nuestro Padre Nazareno, porque en su rostro maltratado y en sus heridas están las marcas que dejan las injusticias de todos los tiempos, las guerras, los terrorismos, las corrupciones, las violencias domésticas, los acosos, los abusos, los malos tratos físicos y psicológicos, las faltas de respeto las humillaciones, las persecuciones. ..

Todos los males del mundo concentrados en su cuerpo y en su alma, y con él toda la humanidad sufriente. Es la Pasión que desemboca en la muerte en cruz y en el sepulcro. Sólo os pido que le miremos

Hoy Jesús nos interroga por medio del salmista. “Pueblo mío ¿qué te he hecho? ¡respóndeme! Y el pueblo callaba y manipulado por los que tenían intereses mezquinos, gritaba con más fuerza ¡crucifícale!

En esta sociedad secularizada donde se pretende ocultar a Dios, se nos exige una toma de postura valiente. El arriesgó por nosotros, Él nos amó hasta el extremo y a nosotros, en esta tarde, nos pasa el testigo para que hagamos lo mismo con decisión.

Hace más de 2000 años, en la capital del pueblo hebreo, en el drama de un condenado a muerte, se concentraba toda la historia de la humanidad: la pasada, la presente y la futura. No podemos olvidar esta otra pasión real…

Pasión en los campos de batalla, en hospitales y psiquiátricos, en casas de acogidas a inmigrantes y de trata de blancas, en pateras a la deriva y refugiados deambulando sin acogida, en hogares donde el maltrato es más frecuente que el pan de cada día, en pueblos excluidos y subdesarrollados bajo el peso de las guerras, el hambre o el analfabetismo, en los sobrantes y descartados del sistema económico.

Mirar al crucificado es mirar, al mismo tiempo e inevitablemente a los nuevos crucificados de hoy. Lo que le pasa al hombre, le pasa a Dios, Lo que hacemos al hermano, se lo hacemos a Dios…! Nuestra carne es la carne de Cristo. A veces, llagada y herida, maltratada y humillada!…

Todos esperaban ser bajados de la cruz y gozar de nuestra ayuda y del consuelo de la Madre de la Amargura.

Ahora como mujer que soy me dirijo a la mujer,  pienso en la mujer y rezo a María, mujer y madre de todos nosotros. Esto no es un alegato contra nadie, no es despreciar ni silenciar al hombre. El Papa Francisco manifestó estar “convencido de la urgencia de ofrecer espacios a la mujer en la vida de la Iglesia, asegurando que la Iglesia es mujer. Describe la dimensión femenina de la Iglesia como seno acogedor que genera y regenera vida”.

MARÍA, Madre del dolor y de la soledad, nos escucha y a ella quiero pedir esta noche por nosotras,  mujeres de este pueblo. Madre quiero traer ante ti nuestras lágrimas , nuestras soledades profundas, nuestros sufrimientos silenciados….

Por las niñas que padecen bulling y son insultadas y acosadas en los colegios y las redes.

  • Por las jóvenes que son utilizadas como objeto de placer, sin tener en cuenta sus sentimientos y dignidad como personas.
  • Por las mujeres que salen a la calle temerosas de la violencia machista.
  • Por las mujeres que no encuentran trabajo y tienen que marcharse lejos de casa, con un futuro incierto.
  • Por las mujeres que padecen enfermedades crónicas o depresión, que viven en oscuridad, pensamientos sin salida y desgana para tirar hacia adelante.
  • Por las mujeres enfermas a las que acaban de diagnosticar un cáncer y viven con el miedo de no poder criar a sus hijos.
  • Por las mujeres inmigrantes, que trabajan a destajo, sin papeles y sin un mínimo de derechos.
  • Por las mujeres viudas que después de tantos años compartiendo alegrías y penas con la persona amada, se encuentran solas y con dificultad para ubicarse en la comunidad.
  • Por las mujeres que han padecido años de sufrimiento y angustia mientras los maridos trabajaban en la mina, por la inseguridad del trabajo.
  • Por las mujeres con discapacidad que la mayoría de las veces tienen que reivindicar su derecho a tener una existencia con sentido y respeto.
  • Por las mujeres que han perdido un hijo por la enfermedad, que les lleva a la tristeza permanente y al vacío…
  • Por las mujeres ancianas con Alzheimer, que en sus breves espacios de consciencia sufren con amargura la pérdida de sus recuerdos.
  • Por las mujeres que viven en residencias. No les falta físicamente nada pero a veces les falta lo que más añoran, sus familiares, su afecto porque están lejos.

 

Virgen de los Dolores, madre de todas nosotras, cuídanos, ayúdanos

Virgen de la Amargura, no nos abandones nunca y ábrenos caminos,

Virgen de la Mina, que sintamos siempre tu consuelo y tu cariño.

La Semana Santa no acaba en el Viernes Santo. La muerte de Jesús no es final del camino. No podemos quedarnos en duelo ni convivir  constantemente con el luto. Hay un después, un día, el más bello, el de la Pascua, que anuncia cielos nuevos y tierra nueva.

Un día más radiante que el sol y que grita a los cuatro vientos que la muerte ha sido vencida, y que desde esa vida que el Señor nos regaló, todo puede ser posible y todo puede hacerse de otra manera.

Esta es la gran noticia que iluminará todas las noches y la que dará origen a una nueva comprensión de la historia. Seamos testigos de la Pascua.

Hay todavía mucho sufrimiento en el mundo. Pero ¿Para qué nos vamos a ir tan lejos? Aquí en nuestro Almadén. Cáritas nos informa a primeros de mes de las necesidades de nuestra comunidad. Nuestra tarea es poner en todas partes semillas de resurrección. Seremos colaboradores de esa resurrección si somos capaces de poner algo de energía pascual en las personas que sufren, en aquellas que viven sin sentido y sin esperanza.

Un signo importante que ofrece Jesús a los discípulos para ser reconocido es el estudio de sus manos y sus pies. Puede verse que son manos y pies gastados, entregados, rotos y agujereados.

Nuestras manos no pueden ser egoístas, cómodas, violentas, amenazantes. Sean manos trabajadoras, serviciales, generosas y entregadas.

Un nuevo tiempo ya está aquí ¿Qué vamos a hacer con él? Este tiempo nuevo está en la persona que se renueva y está en los grupos que se comprometen en favor de los pobres, en favor de la paz y está en la sociedad que se esfuerza en ser más justa y solidaria. El tiempo nuevo está en todos los que siguen deseándolo y esperándolo activamente, en todos aquellos que lo cantan y que lo comunican.

Acompañando a Jesús siempre estaban las mujeres que  representan lo mejor del pueblo. Ellas no se dejaron seducir ni comprar por las autoridades; ellas no se interesaban por cuestiones religiosas o políticas. Ellas se dejaron llevar por su corazón, que es el que menos engaña. Ellas, fieles ante todo, acompañaron a Jesús en sus últimas horas de agonía. Ellas fueron las primeras en reconocer la resurrección de Jesús

¿Qué podían hacer las mujeres en aquel tiempo? Lo único que podían hacer, estar cerca, hacer suyos los sentimientos de Jesús, ofrecerle a Jesús su compasión. Y salir corriendo anunciando la alegría de la resurrección sin dudarlo.

Mientras haya mujeres compasivas, mientras haya personas con corazón, podemos abrirnos a la esperanza. Por eso también quiero dar gracias a la Madre Dolorosa que se reencuentra con el  Hijo resucitado. TE DOY GRACIAS:

  • Por las madres que dedican su tiempo y su vida al cuidado y educación de los hijos, promoviendo un mundo mejor, más fraterno, desde la familia.
  • Por las hijas que procuran el bienestar de sus padres ancianos, estando atentas y solícitas a sus necesidades.
  • Por las abuelas que ayudan a sus hijos en el cuidado de los nietos e incluso comparten parte de su paga en tiempos de crisis, si es necesario.
  • GRACIAS Por las mujeres que ofrecen los apoyos a las personas con discapacidad que viven en las viviendas con apoyo o en los centro de formación para que vivan plenamente incluidas en la sociedad.
  • Por las mujeres que cuidan de nuestros mayores en las residencias de nuestro pueblo, procurando que sean hogares de paz y afecto.
  • Por las mujeres que, a través de asociaciones  trabajan por el progreso de su pueblo, revalorizando y promoviendo los valores de Almadén y la unidad de todos por el bien común.
  • Por las mujeres doctoras y enfermeras que cuidan, sanan y acompañan en la enfermedad y en la debilidad emocional.
  • GRACIAS por las mujeres que educan en los colegios, institutos  y universidad y que procuran una mejora de la sociedad a través del conocimiento y del desarrollo para todos sin distinción.
  • Por las mujeres que ayudan, orientan, protegen y acompañan a otras mujeres que sufren violencia de género.
  • Por las mujeres que acogen a los estudiantes extranjeros de la Universidad para facilitar su integración en nuestro pueblo.
  • GRACIAS por las mujeres voluntarias que ofrecen su tiempo , su energía y sus bienes para colaborar en Cáritas y luchar contra la desesperación, el desgaste de la autoestima y del ambiente familiar.
  • Por las mujeres que, como empresarias,  dan oportunidades de trabajo a personas con capacidades diferentes.
  • Por las mujeres que atienden y participan en la parroquia, ya sea en las celebraciones, ya sea en la catequesis o en el mantenimiento del templo.
  • Por las mujeres cofrades, comprometidas con la Semana Santa, con sus tradiciones, su fe y su hermandad.

 

GRACIAS MADRE POR LA MUJER, portadora de amor, de esperanza y de paz.

Todo consiste, a fin de cuentas, en mantener viva la esperanza, en esta peregrinación terrenal, a sabiendas de que en ese camino pueden ser más las incertidumbres que las certezas, y más también los quebrantos que las conquistas.

Somos creyentes, no crédulos: servidores, serviciales pero no serviles; críticos, pero no desleales. Entendamos la vida como un tránsito y un aprendizaje, en busca de la excelencia humana. Intentemos ser cada día mejores. Y ser comprensivos, respetuosos, justos, equitativos y solidarios con los demás.

No pertenezco a ninguna cofradía pero sé con certeza que en Semana Santa cobran un papel  fundamental los cofrades. Como su nombre indica “hermanos con otros”, han de revitalizar las comunidades a las que pertenecen, con una fe  vivida en coherencia y comprometida con los más pobres, como expresan en sus estatutos.

Todos, consiliarios, cofrades, hermanos, penitentes anónimos, acompañantes de las procesiones, cristianos en definitiva, tenemos que ponernos manos a la obra …!

Siempre en salida y haciendo realidad la cultura de la cercanía y del encuentro, del diálogo, del tender puentes y no muros, que tanto nos insiste nuestro querido Papa Francisco!

Gracias por vuestra aportación a la Semana Santa, conservando y cuidando la expresión más artística y comunitaria de la fe cristiana.

Gracias a la Fiel Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno,

a la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y Santo Sepulcro ,

a la Hermandad  Virgen de la Mina y Santísimo Cristo de los Mineros y

a la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio.

Quiero terminar recordando algo fundamental en nuestra vida cristiana: que somos misioneros, apóstoles del amor de Dios en medio de nuestro trabajo, de nuestra profesión, de nuestra sociedad y nuestra familia.

Que el Señor nos bendiga y nos guarde a todos.

Feliz Pascua de resurrección!!!