Como todos los años por estas fechas el tiempo de Cuaresma nos invita a subir a Jerusalén para celebrar la Pascua del Señor. El Papa Francisco nos invita en su mensaje de este año a meditar asiduamente la Palabra de Dios para encontrar en ella la fuerza que necesitamos para una profunda conversión de nuestra vida hacia Dios, fuente y origen de todo bien. No podemos olvidar que junto a este medio insustituible también nos ayuda a vivir cerca de Dios la participación en la misa, la vida de la comunidad cristiana y las demás manifestaciones religiosas sin olvidar que el prójimo, la persona que nos sale al encuentro, es una forma privilegiada para entablar amistad con el Dios que comparte nuestra historia.

He querido recordar este mensaje del Santo Padre, llamándonos a una vivencia profunda de la fe, porque los momentos históricos en los que estamos inmersos piden de nosotros vivir con hondura nuestra adhesión a Cristo. Mirando con realismo y con verdad la vida de nuestra parroquia y de las asociaciones religiosas nos encontramos con que cada vez somos menos, las cargas de la vida nos pesan más y no somos capaces de transmitir nuestra fe a las generaciones venideras. No es un problema que nos incumba sólo a nosotros, es un fenómeno global que afecta a nuestra sociedad secularizada: nos cuesta encontrar nuevos voluntarios en Cáritas o personas dispuestas a reforzar al grupo de catequistas, las vocaciones a la vida religiosa o sacerdotal son insuficientes para garantizar el relevo generacional… y en muchos ámbitos se dice que siempre somos los mismos… Y ahí tengo que añadir que gracias a Dios sois muchos los que de manera heroica y movidos por el amor a Dios día tras día sois capaces de mantener una entrega generosa que hace posible que nuestra Parroquia siga lanzando las semillas del Reino. Creemos en Jesús muerto por amor y Resucitado para nuestra salvación, por eso mantenemos viva la esperanza de que todo aquello que sembramos con amor y con fe no muere aunque las circunstancias ambientales quieran hacer improductivo la predicación de la Palabra que de manera incansable resuena en nuestras celebraciones, en las catequesis y, plasmada de forma plástica en el arte, también en las procesiones que discurren por nuestras calles.

Vivamos intensamente estos días que nos restan de Cuaresma participando en los cultos propios de cada hermandad, reconciliándonos con el Señor mediante el sacramento de la Penitencia y asistiendo a los actos religiosos que dentro y fuera de la Parroquia tendrán lugar durante los días santos que se avecinan, teniendo muy presente que todo nos conduce a la Noche Santa de la Resurrección.

Feliz Pascua. Siempre vuestro. Vicente.