VIII Semana Social:

El contenido de la VIII Semana Social está centrado en la dimensión social de la evangelización en la Exhortación Evangelii gaudium del Papa Francisco. Podemos decir que todo el magisterio del Papa actual está entreverado de esta dimensión. El hecho de centrar nuestra atención y reflexión en la exhortación es debido a que es un documento «programático» (cf. EG 25) del magisterio pontificio, en el que se nos invita a «una nueva etapa evangelizadora» marcada por la alegría del Evangelio y se nos indican «caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años« (cf EG 1). Centramos nuestra reflexión en los capítulos segundo y cuarto de la citada exhortación. Los cristianos necesitamos renovar nuestro encuentro con Jesús y desde ahí releer los desafíos que el mundo actual plantea a la evangelización y a los evangelizadores con el fin de darles la respuesta adecuada desde la luz que dimana de ese encuentro. La preocupación por evitar la desconexión entre evangelización y preocupación social, la formula el Papa en forma de deseo: «quisiera compartir mis inquietudes acerca de la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora» (EG 176).

La evangelización no puede prescindir de la dimensión social porque está contenida implícitamente en la misma confesión de fe: «el misterio mismo de la Trinidad nos recuerda que fuimos hechos a imagen de esa comunión, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos» (EG 178). La experiencia del amor de Dios en nuestras vidas nos lleva a tratar de amar con el mismo amor de Dios, es decir, a «desear, buscar y cuidar el bien de los demás» (EG 178). La referencia a Dios y a las personas más necesitadas es la clave para leer, comprender, amar y seguir a Jesucristo que nos revela que por el amor a Dios y al prójimo alcanzamos nuestra madurez y somos bendecidos con la salvación. Por él sabemos que «en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros» (EG 179) ya que se ha identificado con sus «hermanos más pequeños (cf. Mt 25, 40) hasta el punto de que la carne de los que sufren es la carne de Cristo.

La historia de la evangelización nos pone al descubierto la estrecha relación entre amor a Dios y amor afectivo y efectivo a los demás. La doctrina de los santos Padres, el magisterio pontificio y, sobre todo, las obras de misericordia concretadas en personas e instituciones, realizadas en el pasado y en el presente, constituyen un riquísimo patrimonio para la Iglesia y para toda la humanidad. Ellas ponen de manifiesto que la fe no se reduce a la intimidad de la persona y que no tiene justificación una concepción individualista de la religión y de la espiritualidad, antes al contrario, quien está más cerca de Dios más cerca tiene su corazón de los hermanos, sobre todo de los más necesitados».¿Quién pretendería –se pregunta el Papa– encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra» (EG 183).

En el Año dedicado a la Vida Consagrada, es de justicia reconocer y poner de relieve la ingente labor social que los consagrados realizan en el mundo entero. Nuestra diócesis ha sido agraciada con su presencia y acción en guarderías, colegios de niños y jóvenes, residencias para estudiantes y trabajadores, asociación de tiempo libre, acogida de madres solteras y mujeres víctimas de la violencia de género, acompañamiento y ayudas a familias necesitadas y desestructuras, cuidado de personas mayores en residencias y en sus domicilios, compañía y atención a enfermos, dedicación a personas sin techo, búsqueda de trabajo a extranjeros, presencia y responsabilidad en parroquias pequeñas, etc. Estas son algunas de las obras y acciones de carácter caritativo y social que realizan entre nosotros. Para expresar nuestra gratitud a Dios y a los consagrados que evangelizan en nuestra Iglesia con nosotros, os animo a que durante la celebración de la Semana Social encontréis algún momento para dar gracias a Dios por sus vidas y obras.

El rico patrimonio que constituye la doctrina social de la Iglesia no puede ser desconocido por nuestras comunidades ni ser considerado un añadido en su formación sino que «es un punto de referencia indispensable para una formación cristiana completa» (CDSI 528) y para un estilo de vida coherente con el Evangelio. Deberemos, pues, poner los medios necesarios para que sacerdotes, religiosos y, sobre todo, laicos, la conozcan y participen en ella teniendo en cuenta los distintos carismas y ministerios. El cultivo de la dimensión social de la fe ayuda a que el testimonio cristiano sea más razonado, decidido y convincente.

Los contenidos de esta Semana no están medidos desde el tiempo que se dedicará en cada una de las sesiones, sino que hemos optado por ofrecerlos a los responsables o encargados de exponerlos, con cierta amplitud, dada su riqueza, para que sean ellos los que elaboren su propia síntesis teniendo en cuenta los interlocutores y el tiempo dedicado a cada sesión.

En la redacción de los contenidos de esta Semana han intervenido Jesús Córdoba, Salvador Guerrero y Joaquín Gutiérrrez, a quienes se lo agradecemos sinceramente. Pero la Semana quedaría en papel mojado si no participaran sus destinatarios y no se implicaran algunos laicos en su desarrollo y realización. A todos igualmente nuestra gratitud.

Tomás Villar Salinas Vicario general

Materiales:

Descarga toda la inforrmación de esta VIII Semana Social en los PDF que se confeccionaron para ella.

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